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Ignacio Bértora, Intendente ejemplar

Hace más de medio siglo asumió la Intendencia de Gualeguaychú un hombre que honró su cargo, y no tiene el reconocimiento que merece: Ignacio Bértora.

El 1 de mayo de 1958 asumió la Intendencia de nuestra ciudad el ingeniero Ignacio Hipólito Bértora. El hombre que marcó una huella decisiva en la historia gualeguaychuense, un hito similar al de los mejores hombres que dio nuestra ciudad.

Su administración municipal se extendió hasta el golpe cívicomilitar del 29 de marzo de 1962. Uno más de los (entonces) habituales manotazos de los poderosos civiles y los fatuos militares, derrocando a gente elegida por el pueblo y reemplazándola por los elegidos por los poderosos de entonces.

LA GUALEGUAYCHÚ DE 1958

Gualeguaychú era poco más que un pueblo por entonces. Sus poco menos de 25.000 habitantes la convertían en la cuarta ciudad de la provincia, luego de Concepción del Uruguay. Podíamos decir que “nos conocemos todos”, en una ciudad que ya entones se caracterizaba por lo solidaria y lo pujante.

LA INTENDENCIA DE IGNACIO

La administración de Ignacio Bértora se caracterizó por lo austera, dinámica y con amplitud de miras.

Cuatro años después, Ignacio Bértora podía decir que casi nada de lo humano le había sido ajeno, en su paso por la función pública.

Haré una reseña de algunas de las obras de su gobierno, escribiendo casi sólo de memoria, por lo que seguramente omitiremos más trabajos desarrollados.


*** Concretó el Balneario Municipal del norte, e inició los trabajos para el Balneario Municipal del sur.

*** Convirtió la cancha de la Liga de Fútbol en el Estadio Municipal, construyendo la primera tribuna de cemento y la pista de atletismo que rodea la cancha, lamentablemente desaprovechada siempre.

*** Organizó nuevamente los corsos populares para carnaval, y (en 1960 ó 61, no recuerdo bien: ¡hace 55 años!) difundió en Buenos Aires el carnaval de Gualeguaychú, con afiches en los subtes en especial, convencido que el turismo era necesario para el desarrollo pleno.

*** Luego de la terrible inundación de 1959, donde nuestra ciudad alojó a inundados de toda la región, erigió el actual Barrio Hipólito Yrigoyen. Hizo exactamente el doble de las viviendas que proyectaba el gobierno nacional cuando envió el dinero para ello. Evidencia de la sobriedad y seriedad en el manejo del dinero ajeno.

*** Construyó más cuadras de asfalto que todas las que había cuando asumió, por medio de la Cooperativa de Obras Públicas, ejemplo provincial que luego se perdió entre nosotros.

*** Erigió las primeras cuadras de ripio, con las que reemplazaba las de tierra, que entonces mayoría absoluta en los barrios.

*** Fue elegido por la U.C.R. Intransigente, luego Partido Intransigente, pero nunca pisó el Comité partidario durante los cuatro años de su mandato. Era el Intendente de todo el pueblo, no de un Partido, decía para explicar su decisión.

*** Su Secretario de Gobierno fue un periodista independiente, Marco Aurelio Rodríguez Otero; y su Secretario de Hacienda un peronista reconocido, Francisco Maradey. Creía que era importante que en su entorno no hubiera quienes lo adularan, sino quienes trabajaran. Años después, refiriéndose a la gestión de Maradey, dijo que le había dado la seguridad de que controlaría el destino de los dineros del pueblo.

*** Cuando lo sacan de la Municipalidad los entorchados soberbios, el 29 de marzo, ya tenía depositado en el Banco el dinero para el sueldo de todos los empleados municipales; era su mayor preocupación.

*** Terminó su mandato cobrando exactamente lo mismo que cuando asumió, cuatro años antes. Preguntado por un gurí impertinente cómo podía ser que cobrara casi el sueldo mínimo de un empleado, sólo dijo (nunca lo olvidaré) “cuando asumí, juré cumplir la Constitución provincial, y ella dice que no se pueden aumentar los sueldos de los funcionarios”. Fin de la historia.

*** Llevó el agua potable a los barrios que carecían de ella, como Pueblo Nuevo.

*** Construyó la primera Terminal de Ómnibus, con azulejos que consiguió de la Fundación Eva Perón, y que dio orden expresa que no borraran la mención de su origen. Fue la primera Terminal moderna de la provincia, por años orgullo de los gualeguaychuenses. Siendo intendente Emilio Martínez Garbino, nominó a la nueva Terminal como “Ignacio Bértora”, pero el hecho se ha perdido.

UNA VERDADERA RARA AVIS

Ignacio fue una rareza política: nunca quiso ser más que Intendente de su ciudad, y haberlo sido era su (muy guardado, por cierto) único orgullo. Cuando terminó su gestión, pudo elegir qué hacer, pero como no había reelección municipal, no aceptó candidatura alguna. Había sido en dos períodos concejal, luego Intendente y con eso seguramente daba por terminada su vida política.

En 1962 la UCTI perdió las elecciones municipales, por un centenar de votos, y en medio de la indignación de muchos, Ignacio reflexionaba “algo no habremos hecho bien, si la gente no nos votó”. Cero soberbia, como siempre.

Él nunca lo supo, por cierto, pero fue uno de los inspiradores de mi vida política, junto a Oscar Alende. Nunca lo olvidaré. No merece el olvido.

Ignacio admiraba a Moisés Lebensohn, y de él aprendí que los políticos debíamos tener “doctrina, para que nos entiendan, y conducta, para que nos crean”. ¡Vaya si tuvo doctrina y conducta, Ignacio Bértora!

(*) Julio Majul es Abogado. Periodista, Escritor. Ex Legislador provincial.

juliomajul@fibertel.com.ar

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